domingo, 5 de agosto de 2012

Sin


No existe ramo de flores
ni tempestad de disculpas
que logre conquistar a ciegas
tu rubicundo orgullo.

GAMO

Intimidad Temporal


El más bello poema que puede existir
es el de tu manos surcando tu vientre
aproximándose tímidamente
a la vereda curva de tus caderas,
rondando con suave dulzor
aquel ropaje,
aquel encaje,
aquel pasaje,
que rellena de seda e ilusión
las vocales de tu armonía íntima,
que busca como una mariposa de su capullo
separarse de tu cuerpo
para volar ciegamente
sobre el campo de mi anatomía
y suscitar la danza pura
que lleva roncamente a nuestros delirios
de pureza y sudor,
del suave rocío miel
a romper en un coro de angustias
alienándonos de nosotros
mostrándonos como pétalos abandonados
llenándonos de ti y de mi
para susurrar en el oído del atónito orgullo
que los cuerpos que hemos ocupado
han violado
la temperamental ley del tiempo
terminando por volver a cultivar
las rosas tristes
en los punteros del reloj
en la clavija del calendario.

GAMO

domingo, 24 de junio de 2012

Mi Mansión


(Prueba de antipoesía 1)

Tras mi morada viven
un arrecife de inequidades,
unos cuantos perros guachos,
un kilo de harina húmeda
y los ojos inocentes de una niña que llora.

Suelo invitar a opíparos festines
y les alegro la vida a unos cuantos nenúfrares
que buscan la incandescencia del saber
y se arrugan cuando me ven comer

De la actualidad ya casi no conozco
mis dedos pedregosos y negruzcos
sólo hojean titulares amarillentos
en busca de ropajes extravagantes,
pues me considero un hombre de lujos.

Y de lujos creo vivir cada día,
mis brillosas rodillas, acanaladas de tiza y barro…mierda!
si, otra vez la Paloma se puso mis zapatos
y se fue caminando hacia la esquina
donde trabajaba mi madre

Recapitulando sobre mis lujos,
sobrio y acompañado viví mis años mozos
los deletreaba con gusto a chicha y sexo,
del bueno, de ese que no se paga
pero se agota y a veces
atraganta.

Solía coger con mis manos tibias
rosas rojas verdes
para acompañar el perfume de sus días
que evocaban en mi esa sensación pútrida
de saber que lo hago por instinto y no por amor

Más mi madre,
rubia por gracia y negra por clase,
siempre me cantaba cuando temprano a la mañana llegaba,
“cuando lo sientes en el pecho, guarda pronto la billetera”
de ahí, ya no tengo billetera.

Tal vez por esa zona heterogénea que buscamos,
y que mi madre bien conocía,
es que nos drogamos en formas inexistentes
que burlan aquellos parajes idílicos
mencionados sólo en las historietas
con las que suelo secar mis pies
después de la lluvia.

Y otra vez la Paloma…

A ella la conozco de cuando empecé, ruin y oligarca
la construcción de mi mansión,
siempre acude cantando herejías a mí
para saciar su sed de justicia
que se le atrapa en su pata coja
pérdida por caminar entre grasa de carreta.

Me persigue durante el sol
vuela junto conmigo, robando bolsas y peniques
y a la noche, cuando enciendo la chimenea
se sienta a mear aquel cuarto de mi costado
mientras observa el río.

Nos gusta juntos violar la paz de esta arteria,
nos gusta demonizar esa franja fractal, ilógica
que sostiene fielmente cada día milimétrico
a los numerosos caleidoscopios de cuatros ruedas
que llevan traseros sin sangre, a sus escuálidas paredes inmortales.

Por eso me considero de lujos,
todos quieren posar sobre las tejas pavimentadas de mi mansión
y claro está, les encantaría poder salir de sus necesidades
y bajar a bajar la fiebre de sus plantas
en las cálidas y cafesosas aguas de mi jardín
que para el lector no es ninguna novedad que le cuente
que recorre de la punta de mis nevados senos
hasta la costa de mi nacionalidad, infértil…

Considerando que la extensión de mi epopeya
ya le hace pensar que soy un poeta
recapitularé algunos conceptos sobre mi mansión,
que si bien son irrelevantes para usted
al perro que calienta mis noches
le parecen dignos de llevar a un ballet.

Estos aspectos, matemáticos y singulares
los cuento para esclarecer
que los lujos de los que me rodeo
son básicamente aquellos con que
logro saciar mi sed de felicidad

¡Que manera de hacer frío en mi mansión!

Esta felicidad con la que me arropo ahora
suelto la escalera,
respiro de mi bolsa,
me despido de la Paloma,
le toco una presa,
acaricio al perro,
miro a mi techo y
me despido del mundo…

Mañana...
me traen comida. Lacomida.

GAMO

miércoles, 6 de junio de 2012

Será


¿Será porque tus labios mirando al cielo
dibujan el contorno de un corazón dividido?
Porque será…
Será porque creemos que lo que decimos, es lo que pensamos
Será porque de tantas formas nos olvidamos del contenido
Será porque mirando el contenido, lo tomamos por instructivo
Será porque no hay instructivo que forme la norma, ni norma que sirva de instructivo
Será porque el único instructivo que hay es el que el sol de cada mañana te brinda
Será que acaso la mañana no es sino fruto del ocaso anterior
Será porque de ocasos en la vida llenos estamos
Será porque de no ser por ellos no veríamos las mañanas
y de mañanas están compuestos los sueños.
Será porque ni siquiera tú sabes la diferencia entre tu y yo
Será porque simplemente no encontramos diferencias
Será porque de diferencias están hechas las reglas
Será porque las reglas no son las que imaginas
Será porque no debes imaginar, sino soñar
Cosa que es muy distinta ¿Sabes?
Quizás porque será, que la vida nos pregunta como vivirla
¿Será que acaso nos estamos preparando para la muerte?
Será que ya no debemos pensar en vivir o
Será porque simplemente me agota el pensar
Que será…
Serán muchas cosas
 o talvez pocas
Será porque es un domingo por la tarde, sin el latido de tus palabras
hablando de cómo fue que el reloj nos dio la medianoche
sin soplar los violines del saber.

GAMO

Le temo a la noche



Le temo a la noche
donde florecen los sueños
donde se duerme el gallo
donde descanso en ti.

Le temo a la noche
que de dulces violines
me llena de incertidumbres,
carruajes de mi.

Le temo a la noche,
porque te cuelas tu,
violando principios morales,
quemando tus amadas ciénagas,
matando por verme dormir.

Le temo a la noche,
porque temo soñar,
y temo olvidar
que sólo dormido
te volveré a mirar.

GAMO

sábado, 26 de mayo de 2012

Lluvia


A veces miro por mi ventana
y te veo dulcemente galopando
sobre los tiernos bustos de nuestra madre
recorriéndola por todos sus rincones
bañándola de alegre melancolía.

Te miro mientras tú me miras
desde lo alto de una corona de algodón
y me recuerdas lo pequeño que soy
frente a la gran inmensidad
que tu bendito viaje, surcando aves y hojas,
trae a las raíces de mi fulgurante andar.

Eres la miel que llega
 para abrigar nuestra conciencia
y devolverle el verdor del campo
 que nuestras botas
arrasan sin pensar, sin amar.

Eres el canto que envuelve mis oídos
y remueve mis entrañas con latidos
de un amor incomprensible
hacia tanta belleza que logras dar
con tus cálidos colores de románticas anécdotas
firmadas y acompañadas por tu suave acariciar
y tu húmedo deleitar.

Eres simplemente el clímax
de una conjunción natural
que rodea los misterios del hombre
y baña de lágrimas
las miradas de los amantes.
De los que fueron, los que son
y los que quieren ser.

Eres la tinta diáfana que golpea
la hoja seca de un árbol de recuerdos
y rompe con su rocío
aquel silencio que quedo guardado
en nuestros corazones.

Eres el alimento del alimento
que nutre con oraciones volátiles
aquellas consignas que lanza el viento
para recordar que ahí esta
que aún existe, y que lo hemos olvidado.

Eres la memoria de un mar recio
que busca recuperar con su volar
aquello que le hemos quitado,
la virginidad que le hemos robado,
el respeto que hemos dejado.

Eres, mientras te miro
la sangre que llega rauda
a los pies de la orquídea insaciable
para darle un breve golpe de agua
que la hará despertar de su somnolencia.

Sibilante lluvia, compañera de alcoba
te veo y me enamoro
me arropo y te respiro
me inunda la calidez de tu llegada
el reencuentro que evocas.

Te miro nuevamente desde mi ventana
y veo como me llamas a escribir
susurrándome al oído
“Estoy aquí, y he venido para recordarte
que los grandes, también lloramos”.


GAMO


miércoles, 2 de mayo de 2012

Dejemos


Dejemos caer ahora
los tipos de imprenta azul
sobre los adoquines de papel
que a diario conjugan nuestras historias.

Dejemos volar ahora
la nube brillante tras nuestros párpados
que abatidos por un sol durmiente
nos muestran el rojo sentir del alma.

Dejemos correr ahora
cada blanco disparo de alegría
sin importar a quién le de
sin importar de quién provenga.

Dejemos flotar ahora
las celestes vocales del cielo
sobre los tiernos pastos
de nuestro canto diario.

Dejemos de mirar al costado,
donde se encuentran los arrecifes negros
de pútridas comparaciones e igualaciones
que llenan de insultos y oprobios
los espejos de nuestras mañanas.

Dejemos de correr tras ese corcel
que nos ofrece mirar las copas de los arboles
a cambio de nunca más poder
sembrar una flor.

Dejemos de apoyar nuestros remos
sobre océanos que no nos pertenecen
y que sólo nos permiten avanzar
rompiendo los hielos de la solidaridad.

Dejemos que nuestros cabellos
se dejen caer libremente sobre el viento
y que ningún huraño espino
intente sofocar su viaje por las cumbres
del deseo y la consecuencia.

Dejemos de dictar leyes morales
sobre asuntos que bajo nuestras sábanas
parecen tomar jarrones de amnesia
para vomitar lombrices de inconsecuencia.

Dejemos ya de teñir los bosques de verde,
sin permitir que las tonalidades del cielo
permitan ver el arcoíris de colores que le dan
el aroma de la diversidad y la comprensión.

Dejemos de alzar agudas lanzas
hacia la cabeza de nuestra madre
que nos da la vida, la luz y el néctar,
que permite llevar nuestras piernas
hacia las costas sin riquezas.

Dejemos ya esos cuervos que invaden nuestras tripas
llenándonos de penas y sufrimientos,
consumiendo la miel de la vida
y dejando pasar por nuestro lado
el enorme rio de la felicidad.

Dejemos de pensar que la madurez nos traerá la felicidad,
 la fruta que vive esperando la madurez
tarde se da cuenta que su llegada
la hizo estar en tierra, oradada
de envidiosos y hambrientos gusanos.

Deja tu ya de vaciar tus bellas nubes
con lluvia de nostalgia,
pues sólo lograrás que unos cuantos mercaderes
suban a sus balsas, y sobre tus lágrimas
naveguen para llegar orgullosos
al muelle del “que dirán”.

Dejemos de pensar en vivir
y tomemos las riendas de un carro
que sólo nosotros podemos guiar
y hacer volar.

Dejemos ya las cosas del mañana
y bebamos con jolgorio
unas buenas copas del presente
mirando con orgullo
el caer de las hojas secas
del árbol de nuestra vida
nuestro pasado
nuestro camino andado.

GAMO