sábado, 29 de junio de 2013

Juicio al Cielo




La sentencia fue declarada
al tiempo que la última gota
surcó los aires
y la última nube
cruzó la puerta.

Le condenaron a tener
su diáfano celeste puro
por tan sólo
45 respiros más.



Gamo


sábado, 22 de junio de 2013

Deseo de una noche

De noche y brevemente
recorrí con tus ojos
y tu sonrisa
el camino que quiero seguir

hasta ya no dormir.


Gamo

jueves, 20 de junio de 2013

Un Verso

Eres un verso
breve
que busca llegar a mi prosa
y adornarla

hasta el telón.


GAMO

domingo, 16 de junio de 2013

Las nubes se aman.


Las nubes se aman,
se miran y se rozan,
juegan y lloran,
dan luz y la quitan.

Las nubes se aman,
vuelan suaves,
susurran tímidas,
se sonrojan
y se escabullen.

A veces se amoldan
mostrando 
formas y fondos,
caras y cosas.

Se unen y dividen,
se ven a veces
y a veces no,
volando sin saber
lo mucho que se aman.

A ratos cubren con su voz
el crepúsculo otoñal,
soplando la hoja seca
que su pasado mirará.

Danzan con pasión
mientras roban aplausos
de atónitos arboles
que sacuden con vigor
sus frondosas copas.

Se arrullan y ríen,
juegan mientras se ven,
soplan frío y calor
y de blanco ropaje
se abrazan
y se aman.

De lo alto muestran su amor
desconocido y silencioso
que llora y da vida
que cae y florece.

De lo alto miran con dulzor
y si de mi dependiera
pasaría una vida
mirándolas a ellas.


GAMO





jueves, 23 de mayo de 2013

Sueño 1



Te escribo de noche,
de madrugada
y lejos
de mi cuerpo.

Te escribo de noche
mientras te sueño,
sin soltar
tu consentimiento

Te escribo de noche
y de día
te miro
con mis dedos.

Te escribo de noche
y por la mañana
te dibujo bajo mi mano,
sobre mi almohada.


GAMO

sábado, 11 de mayo de 2013

Hoy te vi Madre



Hoy desperté y
te vi madre.
Yo,
 de grande te vi.

Asomé mi sol por tu colina
y calmadamente
te vi.

Te quise abrazar,
como tu lo hiciste
cuando por primera vez
la vida me vió
y yo a ella.

Me vi de grande
ya lejos de ti.
Me vi
recordándote,
y te abracé.

Me vi de grande,
ya lejos de ti
y no vacilé en hablarte
ni en recordar
que te quiero, madre,
ya lejos de ti.

Me vi de viejo
añoso y a un bastón
del suelo,
y supe valorarte
y acercarme
y  en serio me dije, madre
que hice cuando te tuve
que no supe aprovecharte.

Hoy me retaste,
me cantaste mis virtudes
y entonaste mis defectos.
Me llevaste a tierra,
 me hiciste recordar
que también soy hijo
y que en la altura
a veces se pierden
los afectos.

En un tono
ya lejos de mi
 me despertaste,
me abrumaste
y luego
me arropaste,
ya lejos de ti.

Hoy te vi madre,
Y desperté,
aún cerca de ti,
sabiendo encontrarte.

Aún cerca de ti
a un desayuno de distancia
hoy imaginé
cuanto esto extrañaré
ya lejos de ti,
ya lejos de mi.

Gamo

martes, 25 de diciembre de 2012

Blanca melancolía


Triste estás en tu tierna morada
fría, solitaria, calma y
 avergonzada.

Miras desde lo alto
mientras te cubres con tu sabana de estrellas,
mientras coqueteas suave
con los sueños de las aves.

Tu nombre huele a melancolía
y caes dulcemente sobre tristes,
oscuras y modestas flores,
soñolientas flores,
fragantes en su eterno amor
a ese insensato sol
que por morder unas migajas de mar
te ha dejado sola en tu odisea.

Es ese mar, que te ama
y se mece al son de tus latidos,
que mueve sus anchas caderas
bordeando y codeando
las costas húmedas
de la raza sin nombre,
la raza que te conoce en vela,
que te idolatra sin piel.

Tu ropa, blanca como la nieve
cae sedosa por el atardecer
y se enreda frágil
en las agrietadas manos de la cordillera,
esa que abultada y prepotente
te deja olvidada,
abandonada y desvestida
en garras de legañosos deseos
de impares despertares.

Tu mirada impalpable,
recorre los prados con soledad
vagando nebulosamente
 por las espigas sin nombre,
por las pupilas insensatas
de aquellos amantes
que separados por el olvido
esperan algún día
poder disfrutarte, mirarte
y besarse.

Eres incomprendida,
juzgada sin guante,
repelida sin soplo…

Sólo pocos veteranos nenúfares
se deleitan con tu paz
y disfrutan nocturnamente
de tu compañía,
agradeciendo que tu dulce voz
guíe desinteresadamente
sus barbas a la madrugada.

Sólo pocas melodías
guitarrean tu danza diaria
y se dejan llevar por tu aliento pálido
que en una noche del doce del ciclo
se acompaña puntualmente
del gigante sin aro
que segunda a la inmensa
y celosa estrella madre.


GAMO